Esta Guía de la Ansiedad presenta de forma sencilla, pero rigurosa, información sobre qué es la ansiedad, qué síntomas produce y cuándo es un trastorno psicológico que requiere tratamiento, según los criterios diagnósticos de la psicología clínica.

Nota: Esta información ha sido revisada y actualizada en agosto de 2021 por el Dr. Pedro Moreno, tomando como base sus libros Aprender de la ansiedad y Ansiedad crónica. Aquí tienes todos los libros sobre ansiedad de Pedro Moreno. La finalidad de esta guía es didáctica y no pretende sustituir al diagnóstico ni al tratamiento de un psicólogo.

Versión completa de la guía de la ansiedad

Por motivos de espacio, aquí reproducimos solo la información principal de la Guía de la Ansiedad que hemos elaborado en Clínica Moreno – Psicólogos. La guía completa se puede descargar gratuitamente desde esta web. En la versión completa se incluyen ejemplos de casos reales y algunos test y cuestionarios que pueden ayudarte a entender mejor los síntomas de la ansiedad y cómo reconocerlos.

Aquí puedes: descargar la guía completa de la ansiedad

Qué es la ansiedad

La ansiedad es un estado de alerta y tensión emocional que surge cuando anticipamos un peligro o amenaza. Es una emoción normal y todos la sentimos en algún momento de nuestra vida. No obstante, en ocasiones podemos sentir ansiedad de forma muy intensa o con mucha más frecuencia de lo esperado, dadas las circunstancias. En estos casos podríamos haber desarrollado un trastorno de ansiedad si la ansiedad produce un malestar importante o interfiere de forma significativa nuestra vida.

Diferencias entre miedo y ansiedad

La ansiedad y el miedo comparten muchas características. Sin embargo, existen algunas diferencias. La diferencia más importante es que en el miedo podemos identificar claramente un desencadenante inmediato mientras que cuando sentimos ansiedad el desencadenante puede no ser tan evidente o inmediato. Por ejemplo, si me encuentro con un toro furioso al volver la esquina, está claro que sentiré miedo; si me llama la policía a las 10 de la noche, podría sentir cierta ansiedad (si anticipo que me va a dar malas noticias), pero la amenaza todavía no está claramente definida.

En la guía completa de la ansiedad desarrollamos otras diferencias entre miedo y ansiedad, así como el papel protector que pueden cumplir ambas emociones en determinados casos.

Las fobias: una variante patológica del miedo

La fobia es una respuesta de miedo completa, pero tiene una diferencia fundamental con el miedo: la situación que nos asusta. Decimos que el miedo es una fobia cuando es desproporcionado o irracional y la persona siente una necesidad imperiosa de alejarse de lo que le aterra. A veces no se puede evitar o escapar de la situación que nos aterra y se produce un malestar considerable. Más abajo veremos los principales tipos de fobias y algunos ejemplos.

Leer más: Fobias, cuando el miedo es irracional

El miedo obsesivo

Una persona que siente miedo obsesivo reacciona igual que alguien que tiene una fobia o miedo «normal», pero la gran diferencia está en el tipo de situaciones que desencadenan dicho miedo. La persona con miedo obsesivo teme situaciones de la vida cotidiana, tales como dejar una puerta abierta, no haber cerrado la llave del gas, contaminarse al tocar objetos inofensivos, etc. En el miedo obsesivo hay una desconexión aparente entre lo que dispara el miedo y el miedo en sí.

Generalmente, el paciente siente la necesidad de realizar actividades de forma compulsiva para neutralizar las consecuencias que anticipa, por ejemplo: comprobar durante más de 15 minutos si se ha cerrado la puerta del coche (por miedo a haberla dejado abierta por “descuido”), lavarse después de tocar cualquier cosa (a veces, más de 50 veces al día), etc. Más adelante, veremos que este miedo está en el centro del trastorno obsesivo-compulsivo.

Leer más: TOC: cuando el miedo absurdo nos paraliza

Ansiedad estado, ansiedad rasgo

El estado de ansiedad es, precisamente, un estado puntual y transitorio (que dura entre unos minutos y algunas horas) en el que se experimentan sensaciones de tensión, inquietud, aprensión, nerviosismo, preocupación o, en definitiva, una sensación difusa de que algo malo puede ocurrir. Estas sensaciones subjetivas suelen ir acompañadas de las sensaciones corporales típicas del miedo (p.ej., tensión muscular, manos o pies fríos o húmedos, taquicardia, etc.) y movimientos corporales variados (p.ej., tocarse el pelo, tamborilear los dedos sobre la mesa, expresiones faciales acordes con la emoción, etc.).

El rasgo de ansiedad es la tendencia que tienen algunas personas a sufrir estados de ansiedad de forma frecuente, como un aspecto de su personalidad. Es evidente que no todos tenemos la misma predisposición a sentir ansiedad. Las circunstancias personales y vitales de cada uno facilitan que seamos más o menos “nerviosos”. Por esto, hay personas que parece que siempre están tensos, irritados, angustiados por el futuro y que se preocupan con mucha más facilidad que otras personas. Esto no significa que sufran, necesariamente, un trastorno de ansiedad u otro problema psicológico. Simplemente refleja una realidad: hay personas que son más propensas a reaccionar de forma ansiosa. Es posible que esto les haga más vulnerables a sufrir trastornos de ansiedad, pero no es una condición necesaria ni suficiente. No todos los que sufren trastornos de ansiedad tienen un rasgo de ansiedad en su personalidad, ni todos los que tienen un rasgo de ansiedad van a desarrollar, necesariamente, un trastorno psicológico.

La crisis de ansiedad

Una crisis de ansiedad es una reacción de miedo o malestar intenso que se presenta de forma repentina y alcanza su máxima intensidad en cuestión de dos o tres minutos, diez como máximo, si bien el malestar que genera puede prolongarse mucho más tiempo posteriormente. Estas crisis también reciben el nombre de crisis de pánico, ataque de pánico o crisis de angustia.

La crisis de ansiedad se acompaña de cuatro o más de los siguientes síntomas:

  1. Palpitaciones, sacudidas del corazón o taquicardia
  2. Sudor abundante
  3. Temblores o sacudidas
  4. Sensación de ahogo o falta de aliento
  5. Sensación de atragantarse
  6. Opresión o malestar en el pecho
  7. Náuseas o molestias abdominales
  8. Mareo o sensación de inestabilidad o de desmayo inminente
  9. Sensación de irrealidad (desrealización) o de estar separado de uno mismo (despersonalización)
  10. Miedo a perder el control o volverse loco
  11. Miedo a morir
  12. Sensación de entumecimiento u hormigueo
  13. Escalofríos o sofoco

Las crisis de ansiedad pueden iniciarse al afrontar determinadas situaciones (como ocurre en las fobias, p.ej.) o bien presentarse de forma espontánea, sin ninguna causa que, aparentemente, las provoque (como ocurre en el trastorno de pánico). Algunas situaciones que típicamente causan crisis de ansiedad son, por ejemplo, quedar encerrado en un ascensor, acudir a espacios abiertos con gran afluencia de gente (conciertos, grandes almacenes, estadios de fútbol), hablar ante un grupo de personas o con personas atractivas, y ver heridas con sangre o someterse a procedimientos quirúrgicos.

Más abajo veremos los trastornos psicológicos en los que se producen las crisis de ansiedad, tanto las que están determinadas por una situación concreta como las que, aparentemente, ocurren sin motivo.

Leer más: La crisis de ansiedad, una experiencia de terror extremo

El trastorno adaptativo

El cambio es lo único que no cambia en nuestras vidas: nacemos, crecemos, encontramos pareja (o no), formamos una familia (o no), tenemos un trabajo o estamos en paro o nos jubilan, estamos sanos y enfermamos, envejecemos… Estos cambios, según se perciban, pueden ser una fuente de estrés que dé lugar a estados de ansiedad, depresivos o mixtos (una combinación de síntomas ansiosos y depresivos).

¿Ejemplos? Comenzar en un nuevo trabajo, quedarse en paro, casarse, divorciarse, tener un hijo, cambiar de domicilio, cuidar a un familiar cuando desarrolla una enfermedad crónica, jubilarse, pasar por una hospitalización o enfermedad que se prolonga.

En cualquier caso, lo importante no es tanto qué nos ocurre como la interpretación que hacemos de eso y si pensamos que podemos hacerle frente. Si valoramos la situación como amenazante, sentiremos a menudo muchas de las respuestas corporales del miedo. Si la situación que nos estresa se prolonga en el tiempo y nos vemos sin recursos suficientes para hacerle frente, el malestar emocional será un compañero habitual durante un tiempo, al menos hasta que nos adaptemos a la nueva situación. Si este periodo de transición hasta la adaptación se prolonga demasiado, el riesgo de desarrollar otro trastorno psicológico aumenta, especialmente si sufrimos alguna crisis de ansiedad en este contexto de tensión emocional.

Leer más: Trastorno adaptativo: cuando la vida se pone en contra

Trastorno de ansiedad generalizada

La persona que sufre trastorno de ansiedad generalizada suele preocuparse mucho y por muchas cosas, teniendo grandes dificultades para detener la preocupación y pensar en otra cosa.

Esta tendencia a preocuparse suele acompañarse de inquietud, impaciencia, tendencia al cansancio, dificultades para concentrarse, irritación ante cosas sin importancia o contratiempos menores, tensión muscular crónica (que puede dar lugar a dolores de cabeza, espalda o cuello, p.ej.) y problemas para conciliar o mantener el sueño.

Leer más: Ansiedad generalizada, o la preocupación constante

Trastorno de pánico y agorafobia

El trastorno de pánico se caracteriza por dar lugar a crisis de ansiedad que aparecen de forma espontánea, sin nada que las dispare (aparentemente). En este caso, el paciente realiza cambios importantes en su vida con el fin de «prevenir» nuevas crisis de ansiedad; p.ej., tomarse el pulso a menudo, dejar de hacer actividades habituales, etc. Adicionalmente, y esto es muy común, el paciente puede comenzar a evitar algunas situaciones en las que le parece más probable que sufra una crisis de ansiedad, como viajar, alejarse de casa, desplazarse sin la compañía de alguna persona de su confianza, etc. Esta colección de miedos se agrupa bajo el diagnóstico de agorafobia, que muy frecuentemente se asocia al diagnóstico de trastorno de pánico. Otros miedos típicos en estos pacientes son el miedo a sufrir un derrame cerebral, enloquecer o perder el control, morir de asfixia, desmayarse y quedar en un estado de malestar permanente.

Leer más: Trastorno de pánico, el miedo que nos roba la vida y Agorafobia, algo más que miedo a los espacios abiertos

Fobia social (trastorno por ansiedad social)

La característica principal de la fobia social (o trastorno por ansiedad social) es el temor intenso ante determinadas situaciones sociales, en principio, inofensivas. Por ejemplo, hablar ante personas con autoridad (médico, policía, maestro) o con personas atractivas, hablar o actuar ante un grupo pequeño de personas, o relacionarse con los círculos habituales de personas del trabajo o del centro de estudios.

Leer más: Fobia social o el miedo a la crítica negativa que nos paraliza

Fobias específicas

Como vimos más arriba, en el apartado de las fobias, es posible desarrollar un miedo irracional y desproporcionado a muchas situaciones. Los psicólogos clínicos agrupamos las fobias en cinco tipos:

  1. Tipo animal: Temor a determinados animales inofensivos, aunque puedan resultar repugnantes en algunos casos.
  2. Tipo ambiental: Temor a las tormentas, a las alturas, al viento, etc., en circunstancias no peligrosas.
  3. Tipo sangre-inyecciones-daño: Temor a la sangre o a ser objeto de intervenciones quirúrgicas o inyecciones, o sufrir daño en general. Este temor debe ser desproporcionado, como ocurre con todas las fobias.
  4. Tipo situacional: Miedo a volar, a los ascensores o a los espacios cerrados, por ejemplo.
  5. Otros tipos: Cualquier otro tipo de temores, como, por ejemplo, situaciones que podrían provocar atragantamientos, vómitos o la adquisición de una enfermedad.

Algunas de estas fobias, cuando se presentan juntas (p.ej., fobia al dentista, claustrofobia y miedo a volar), pueden tener como trastorno subyacente la agorafobia y el trastorno de pánico. Esta distinción es importante porque el tratamiento psicológico varía dependiendo de si la fobia ocurre de forma aislada o bien en el contexto de un trastorno de pánico y otras fobias.

Leer más: Fobias, cuando el miedo es irracional y desproporcionado

Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC)

Si bien casi todos pensamos cosas absurdas en algún momento, sólo algunas personas llegan a desarrollar auténticas obsesiones y compulsiones, que son los síntomas claves del trastorno obsesivo-compulsivo. Las obsesiones son pensamientos, imágenes o impulsos que pensamos involuntariamente y que los vemos descabellados o absurdos, pero que nos ocasionan una elevada ansiedad y malestar. Las compulsiones son comportamientos o acciones mentales (pensamientos voluntarios) que realizamos para tratar de «neutralizar» o anular las obsesiones.

Las obsesiones y las compulsiones que presentan los pacientes con TOC son de lo más variado, aunque hay temas más comunes. Por ejemplo: la preocupación por la suciedad o la contaminación, el contagio de enfermedades no contagiosas, las dudas repetitivas y la inseguridad, pensamientos violentos, etc.

Leer más: TOC, cuando el miedo absurdo nos paraliza

Hipocondría y miedo a las sensaciones corporales

La persona que sufre hipocondría está preocupada por su salud de un modo excesivo. El paciente hipocondríaco se angustia de forma intensa ante sensaciones corporales que su médico ya le ha dicho en repetidas ocasiones que son benignas o totalmente normales. El miedo a estar enfermos los lleva a tomarse el pulso y la presión arterial a menudo, o estar muy pendientes de diferentes sensaciones corporales y síntomas menores o benignos que puedan padecer (p.ej., dolores de cabeza tensionales, molestias intestinales, etc.).

Leer más: Descargar guía completa de la ansiedad

Estrés postraumático

En el trastorno por estrés postraumático, el paciente revive con horror, mediante recuerdos diurnos involuntarios y repetitivos o pesadillas frecuentes, los hechos traumáticos que ha sufrido o que ha presenciado (p.ej., un accidente de tráfico, una violación sexual o una paliza brutal). Cualquier cosa que recuerda el trauma, de forma directa o por asociación de ideas, suele desencadenar un estado de ansiedad intensa (p.ej., relatar el accidente sufrido).

Leer más: Estrés postraumático: la vida tras el trauma

Ansiedad y depresión

La ansiedad puede aparecer dentro de otros trastornos psicológicos, tales como la depresión y la distimia. En la guía completa de la ansiedad que hemos elaborado encontrarás un par de cuestionarios para evaluar si tus síntomas encajan dentro de estos diagnósticos.

Leer más: Descargar la guía completa de la ansiedad

Estados de ansiedad y personalidad

Desde un punto de vista psicológico, la personalidad es la forma típica que tenemos los seres humanos de ver el mundo, de relacionarnos con los demás, nuestras tendencias afectivas básicas y la capacidad para controlar los impulsos. Así, podemos ser más o menos abiertos con los demás, más o menos abiertos a las novedades y sorpresas, más o menos responsables, más o menos amables con los demás, y, de especial interés para el tema de la ansiedad, más o menos estables emocionalmente.

Las personas que tienen una personalidad más inestable son más propensas a padecer emociones como el enfado, la tristeza y también la ansiedad. Además, tienden a sufrir cambios de humor frecuentes y las circunstancias estresantes les afectan mucho más que a otras personas más estables emocionalmente. En la guía completa desarrollamos más este apartado.

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